Bajaron juntos y agarrados de las manos entre ellos.
Chantal aún seguía allí, en el salón, cuando los vio aparecer por las escaleras.
Tuvo que cuidarse de no emitir un rugido de felicidad al ver la bonita pareja que su hijo y el joven hacían, por lo que solo les obsequió a ambos con una sonrisa amplia y que casi abarcó toda su cara.
Elliot, percibiendo el tremendo estado de felicidad en ella, esperaba que no se le escapara nada raro en relación a lo que eran.
Llegando junto a su madre, ésta fue