Sentía una liviana y dulce caricia hecha por unos dedos sobre sus labios.
Poco a poco comenzó a abrir los ojos hasta que se topó con los claros orbes del hombre, mirándole fijamente.
-Buenos días nene- oyó su saludo en un tono de voz de lo más tenue y dulce.
-Bu...buenos días- devolvió el joven la respuesta.
Lentamente, el de piel ébano, comenzó a inclinar su rostro hacia el suyo.
Con toda la ternura que podía tener, Elliot acabó por atrapar suavemente los labios del joven entre los suyos.
Patr