Notaba una cálida y cariñosa caricia efectuada por una mano en su mejilla.
Luego, oyó esa voz, nada de aguda pero sí grave y tintes seductores.
-Ey, nene, ey, despierta-
Parecía como si le estuviera cantando.
Y fue entonces cuando comenzó a abrir los ojos.
Al hacerlo por completo, vio, frente a sí, el rostro de tez oscura y orbes marrón oliva, que le miraban sin pestañear.
-Bienvenido al mundo de los vivos- saludó Elliot dándole una sonrisa.
Achicando los ojos, Patryce empezó a preguntar:
-¿Có