Tuvo que admitir que durante la cena se lo pasó bien.
Elliot solo se dedicó a preguntarle cosas tales sobre él un tanto más personales.
Patryce, sintiéndose cómodo aunque algo cohibido, trató de ser lo más sincero con respecto a su vida y los problemas que, al ser un chico diferente del resto, había pasado.
Elliot, atento, prestaba la mayor atención a sus palabras.
Dejaron el restaurante en torno a las ocho y Elliot puso rumbo a su ático.
El joven empezó a notarse nervioso.
Una mano se posó en