Al igual que la primera vez que lo acompañó, ninguno cruzaba palabras entre ellos.
Patryce, más pendiente de sus manos, no se daba cuenta de cómo las fosas nasales del hombre se abrían todo cuanto podían para atrapar esa rica fragancia que desprendía el chico.
Lo peor de eso era que, debido a su primer encuentro íntimo todavía en su modo híbrido, a Elliot le sería
un poquito más difícil dejarlo solo.
Por eso mismo, y a pesar de que estaba seguro que se negaría, tenía pensado pedirle que se f