El camino de regreso se sintió como subir desde los mismos infiernos. Dorian no le permitió caminar sola; su brazo rodeaba la cintura de Nyra con una firmeza que ella no sabía si interpretar como apoyo o como custodia. El contacto de la mano de él contra la piel desnuda de su costado —allí donde su blusa había dejado espacio libre— enviaba descargas eléctricas que Nyra apenas podía procesar en medio de su estupor.
Dorian la empujó suavemente hacia el interior de un espacio privado, una pequeña