El silencio que quedó después de que Dorian desapareciera era ensordecedor.
Nyra se quedó ahí, temblando contra la pared, con la camiseta desgarrada colgando de sus hombros y la respiración acelerada. Su mente estaba hecha un caos, dividida entre el alivio de que se fuera y una extraña sensación de vacío que no podía nombrar. Llevó las manos a su pecho, intentando calmar los latidos desenfrenados de su corazón.
Bruma levantó la cabeza lentamente, como si despertara de un trance. El perro se acer