Cuando desperté, lo primero que sentí fue el olor de Graham que seguía impregnado en las sábanas y por un instante me quedé quieta, confundida, atrapada entre el sueño y la realidad. Al moverme y ver a mi lado, no había nadie.
Me levanté un poco para quedar sentada en la cama y me dí cuenta que la habitación estaba en silencio y él ya no estaba ahí.
Una sensación extraña me atravesó el pecho. No exactamente dolor… pero sí una pequeña incomodidad difícil de explicar. Después de todo lo que pasó