El problema no era el número, sino lo que significaba.
Me quedé observando las cifras durante unos segundos más, como si al hacerlo fueran a cambiar por sí solas o como si hubiera cometido algún error sencillo que pudiera corregir en un segundo, pero no fue así. Volví a revisar cada columna con cuidado, repasando ingresos, egresos y balances, comprobando cada cálculo que había hecho.
Todo estaba correcto, excepto el resultado. Había estado trabajando en los gastos de la casa, el inventario, la