Alister se hallaba en el evento de su empresa con la mente dividida entre el compromiso social y la inquietud por la ausencia de Samira. El reloj marcó la madrugada y cierto estado ansioso lo llevó a considerar si llamarla.
Sin embargo, se contuvo, pues temía interrumpir su descanso. Con un suspiro resignado, guardó el teléfono y retomó su charla, aunque el sentimiento de soledad y la tristeza de no tener a su amada a su lado lo abrumaban.
Quería anunciar públicamente a Samira como su pareja y