Alister frunció el ceño ante la negativa de Samira.
—No te lo estoy preguntando. A partir de hoy, dormiremos juntos.
—¿Me estás dando una orden, entonces? —cuestionó ella—. ¿Soy acaso una de tus sirvientas o formo parte del personal de servicio? —reprochó con indignación.
—No, no eres mi sirvienta, pero ya te he dado suficiente espacio y tiempo sola. Ya no quiero seguir así. Quiero que estés a mi lado y debes estar cerca de mí para que pueda protegerte —arguyó—. Y, por cierto, tienes prohibido v