La atmósfera en la habitación de Evangeline se había vuelto tan pesada que a la loba le resultaba difícil respirar.
—¿Q-Qué sucede, Alfa? Lo escucho —dijo Evangeline con su voz más dulce y tierna, una táctica habitual que utilizaba para manipular a quienes la rodeaban.
Alister sacó de su bolsillo el pequeño frasco con belladona y lo sostuvo ante ella.
—Esto fue encontrado en tu habitación —declaró con frialdad.
Evangeline abrió los ojos bien grandes, sus labios se separaron ligeramente en un