C144: No puedes protegernos si no cuidas de ti mismo.
Alister extendió las comisuras de sus labios y una sonrisa ligera, casi juguetona, se dibujó en su boca, una que contrastaba con el peso de la tensión que habitualmente los rodeaba. Intentaba, en su propio estilo tosco, suavizar la conversación con un toque de humor.
—Bueno, no te lo estoy pidiendo en realidad. Tampoco te lo estoy exigiendo. Solo te comento lo que me haría bien, pero no es algo que yo pueda obligarte a hacer. Sin embargo, si alguna vez quieres ayudarme, no rechazaré tu amabilid