83. Repite lo que acabas de decir
Con la llegada de Margaret la atmosfera se volvió más pesada. Su figura esbelta y su rostro, a pesar de la tensión, mantenían esa elegancia innata que me volvía el estómago. Me miró fijamente con unos ojos gélidos y severos.
—Tú, —siseó, el término como un veneno en su lengua. Me estaba apuntando con su elegancia inapta —Sal de aquí. Todo esto es a causa de ti. Todo es tu culpa.
Experimenté una sensación desagradable al sentir la bilis ascendiendo por mi garganta. Hacía un minuto que estaba ll