En la pantalla de la computadora de Diana, su hija Isabella la saludaba.
—Hola mamá, ¿Cómo estás? —indagó esbozando una amplia sonrisa.
—Buenos días, muchachos —respondió Diana y observó a su hija radiante. —¿Y ustedes cómo se encuentran?
—Nosotros estamos muy bien suegrita —contestó Fernando, abrazando a Isa—, no hemos faltado un solo día a terapia, y te tenemos una gran sorpresa —expuso y besó la mejilla de su esposa.
Diana los miró con atención.
—¿De qué se trata? —indagó.
Isabella suspi