La penumbra envolvía la habitación de Nando, lo que quedó de la mañana y toda la tarde durmió producto de la borrachera del día anterior.
Parpadeó un par de veces al momento que las luces se encendieron, talló sus ojos y cuando pudo enfocar bien su vista, el rostro de su madre apareció ante él.
—Debes tener hambre —comentó Kate, mientras le acercaba la bandeja con el humeante caldo de pescado para aliviar la cruda—. Dice tu papá que esta sopa es buena para el malestar que tienes.
—Gracias, mamá