Isabella, al escuchar que Nando, estaba desaparecido, sintió una punzada en su pecho, su mirada cambió de tono, palideció más de lo que ya estaba ante el cuestionamiento de su madre.
—No sé nada de él —respondió—. Necesito descansar por favor —solicitó mirando a su padre, quién la cargó en sus brazos y la llevó a la habitación.
Diana no se quedó tan tranquila ante aquel desmayo de su hija, enseguida caminó junto a los esposos García a la sala, tomó su móvil para llamar al médico personal de la