Observo a Elise, entonces, todo lo que reprimí durante estos días donde ni siquiera dormí, salen de mi cuerpo causando que grite y llore sabiendo que protegerla no significa que va a volver a la vida.
— Señor…
— ¡Déjame solo! — grito importándome poco que el mundo se acabe, pero, sí que mi esposa no regresé a mí.
Con impotencia por no poder ayudarla aun, me aferro a su ataúd sintiendo cuan frío esta para que conserve su cuerpo deseando estar en su lugar, implorando que no seamos solo destinados