Disfruto su beso levemente, porque mi maldita marca con él me hace imposible apartarlo aunque mi parte racional me dice que nunca debería permitir que se acerque a mí. Pero, una cosa es la que piensa mi mente y otra la que pienso yo.
— No sabes cuanto me estoy conteniendo para no terminar follando a mi esposa. — dice Reymond.
— Sigue soñando. Ahora, aléjate de mí y cuéntame que sucede con mi padre.
— Ojalá te interesarás así conmigo.
— Entonces, debiste comportarte como lo hizo mi padre.
— No p