Reymond, sale conmigo en sus brazos, con una mirada llena de temor y su cuerpo completamente frío a diferencia del mío. Como si intentará competir con la velocidad de la luz, da ordenes relacionadas a mi cuidado, aunque veo que con cada paso que da, deja un rastro de sangre mucho más grande que el mío.
— Realmente no comprendo como una mujer puede ser tan tonta. — dice Reymond dejándome sobre el sofá grande, para colocar una rodilla en el suelo y la otra como soporte de mis pies.
— Estoy bien