Negándome a ello, recorro toda la casa en busca de una ruta de escape, pero, las únicas puertas que se abren son las que me llevan a otras habitaciones o salones, por lo que, confirmo que estoy encerrada en una jaula que me asfixia aunque sea de oro.
— No puedo creerlo…
— Señora, necesita descansar. Ha tenido un viaje difícil. — dice una voz que reconozco.
— ¡Liam! — grito emocionada.
— Hola, señora. — dice él sonriéndome con tristeza.
— Por favor…
— Agradecemos que nos haya protegido del