Helene no sabía bien qué era el problema que Itsac tenía con su tío, pero lo que sí le quedaba muy claro era que las tensiones se sentían palpables como el aire.
— Recuerdo haberte dicho que no eres bienvenido en mi casa — le dijo Itsac al hombre que levantó el mentón.
Era rubio como su sobrino, pero con los ojos oscuros como una salamandra y los observó a todos con detenida atención.
— No es forma de tratar a la familia.
Itsac se puso de pie.
— ¡Familia! ¿me hablas de familia cuanto t