Itsac se quedó observando la ventana por donde saló Helene, con los puños apretados y el cuerpo tenso, la observó larga y detenidamente, como si verla pudiera traer de vuelta a su esposa, pero ella no volvería, ella se iba por culpa de Amadeus.
Un nudo extraño se formó en su pecho, no era nada que hubiera sentido antes, era una rabia, una rabia más profunda que simplemente ira, algo más allá, algo que le voló los sentidos y de no ser porque el timbre de la puerta resonó por toda la casa se hub