Capítulo LXII
Mientras Greta hunde a Scarleth en su propio infierno, del otro lado de la ciudad la vida comienza—por fin—a moverse para Maximiliano y Clarissa.
Los cambios no son enormes, pero existen, y eso ya es una victoria.
Clarissa ha empezado a respirar distinto: ya no se sobresalta con cualquier ruido ni baja la mirada cada vez que alguien se le acerca. Incluso se atreve a salir a tomar un café o caminar por el parque sin sentir que el mundo se le viene encima.
Maximiliano la observa en