Priscila había visto a su mamá enojada con ella unas cuatro o tres veces, todas ellas porque la había descubierto mintiendo. Entonces, la joven había sido bastante expresiva y clara con respecto a lo que creía su hija debía de hacer.
—No me han querido contar y por mí todo bien. Cuando estén listos. Pero, necesitamos reglas reales. No soy quién para decir qué está bien o mal porque vivo