Los días pasaron y con Arthur nos veíamos cada noche. No pude cambiar mis turnos en el restaurante, puesto que los había pedido con antelación. Ya estaban listos y agendados hasta el final de mis vacaciones. Había tomado solo los turnos de las tardes, desde las tres hasta las diez de la noche, así que, solo me quedó aceptar mi error y aprovechar cada noche con Arthur y a veces con Henry junto a nosotros, cuando cenábamos los tres. Ellos realmente se llevaban muy bien. Cada día que pasaba, sentí