Pasamos el resto del día limpiando y ordenando la casa. Cuando terminamos, ya eran las cinco de la tarde, así que, nos sentamos en el sillón y lo felicité por la ayuda que me había dado.
—Muy bien, señor Brown. Lo felicito por cumplir su palabra. Me ayudó en todo lo que le pedí, muchas gracias.
—De nada, soy un hombre de palabra— Me dijo, mientras yo le daba la mano en señal de agradecimiento, pero Arthur tenía otras intenciones. Tiró suavemente de mi mano y se acercó a mí, puso sus manos en mi