Mario me cogió con sus manos de la cintura acercandome a su cuerpo, me quedé mirándolo sabiendo que ya no había vuelta hacia atrás, debía dejar que me hiciera suya. Acercó sus labios a los míos, aceptando yo ese beso aunque no estaba segura. Cuando separó su boca de mi boca, vi que Mario estaba sonriendo.
—-- Así me gusta, dulce y completamente mía, dejando que tu esposo sea quien decida —- me dijo.
Nos fuimos seguidamente a la habitación de mi hija, acercándose Mario dándole un beso en su fren