Mario por la noche vino a cenar a casa invitado por mi madre, invitado porque ya no vivía en mi casa con nosotros, después de cenar y como siempre hacíamos nos fuimos al jardín para tomar el café. Nadie hablaba, nadie decía nada, ninguno de nosotros nos atrevemos a hablar de mi hija, pues mi madre enseguida se ponía nerviosa y a llorar, así que Mario y mi padre hablaban de la empresa o de lo que pasaba con alguno de los socios que tenían.
—-- Perdonarme, pero me voy a ir a la cama, mañana teng