Aunque no estaba segura de que Alison estuviera haciendosela a Mario, preferi marcharme hacia la puerta de la calle porque no estaba dispuesta a verlos por segunda vez, acercándose a mi un hombre de unos treinta y pocos años poniendome su chaqueta en mis hombros al ver como me abrazaba mi cuerpo con mis propios brazos.
—- ¿Tienes frío? —- pregunto.
—- Un poco, gracias por dejarme tu chaqueta —- respondí.
—- Duncan Ferrero ¿y tú cómo te llamas? si no es muy descarado por mi parte —- me comentó