Volvimos a su casa, pero no cogidos de la mano, si no abrazando Mario mis hombros, nada más llegar, se quedo mirandome poniendo su mano en mi cuello, acercando sus labios a mis labios correspondiéndole yo a aquel deseado contacto de nuestros labios.
—-- Me iré de esta casa aunque sea mía, espérame en la casa de tus padres, mañana iremos y compraremos nuestra propia casa para vivir con nuestra hija los tres solos ¿de acuerdo? — me pregunto
—- De acuerdo, te amo Mario y nunca dejaré de hacerlo —