Gabriel
Luego de tantos días tratando de tomar algo de valentía para invitar a salir a Margot, no cabía de felicidad cuando me dijo que sí. Me sentía como en uno de mis tantos sueños, con la única diferencia de que no podía tomarla de la mano y besar sus suaves labios, pero complacido de estar en su compañía y poder contemplar esos ojos azules que ahora brillan en demasía.
Durante este tiempo que coincidimos en el trabajo, hemos formado una amistad que pensé que nunca se daría. Esa lejanía y to