Ante sus palabras mi mente quedó en blanco, no supe qué decir y tampoco pude moverme un solo centímetro de mi lugar.
—Yo... Bendito, no sé qué decirte —solté una gran bocanada de aire—. No esperaba que me dijeras algo como eso en un momento tan sensible como este.
Soltó una risita, llevando varios mechones de mi cabello por detrás de mi hombro. El tiempo se detuvo para mí luego de que me dijera semejantes palabras, por lo que no me había percatado de que seguíamos unidos.
—No lo dije adrede, so