Alicia se volvió, mirando a la persona que había hablado.
—Así es. Estoy completamente loca.
Ya estaba harta de este mundo, pero morir sola sería solitario. Tenía que arrastrar a todos a la tumba con ella.
—¡Siéntense de una puta vez!—rugió, apuntando a la gente con su pistola.
Todas las azafatas se sobresaltaron y corrieron al área de descanso, aterrorizadas por la posibilidad de que les dispararan. Fue entonces cuando Alicia notó a Sofía. Frunció el ceño.
—¿Quién eres tú?
—He venido a bu