–EMMET-
–Quiero dormir– dijo cortante y reprimí una sonrisa.
–Está bien– decidí seguirle la corriente porque, después de todo, no me pagaban para charlar con ella. Aunque tampoco es que hiciera falta eso, me entretenía mucho con ella a decir verdad.
30 días transcurrieron y mi convivencia con ella era más que entretenida. Nunca sabes con lo que saldrá Lía y empiezo a cuestionarme cuánto me gusta trabajar con esta mujer.
Me permitía leer sus libros a mediados de tarde mientras ella se distraía c