Por la mañana el sonido de mi alarma suena tan lejano que, si hundiera un poco más la cabeza en el pecho de Diego, ni la oiría. Pero la oigo, lejos... En mi habitación. Salgo de la cama como un rayo y me pongo su camiseta tirada por el suelo, y deslizándome por la tarima corro a apagarla antes de que mis padres suban a quejarse.
Apesto a sexo y tengo la cara interna de los muslos pegajosa. Necesito ducharme aunque llegue un poco tarde al instituto.
Silenciosa para no despertarlo busco el resto