Kilian se despertó tarde, con el sol golpeándole la cara a través de las cortinas abiertas. La villa estaba en silencio. Alina se había ido días atrás, otra vez con la excusa de atender asuntos del Instituto Renn. Él sabía que no era verdad, o al menos no del todo. Después de su última discusión, ella había sentido que necesitaba espacio. Él también. Aunque no lo diría en voz alta.
El aire de Kalliste estaba tibio, con ese olor salado que impregnaba hasta las paredes. Caminó por la casa sin c