Céline llegó a Altura Valtieri pasadas las nueve de la noche. Había salido de la casa de Madeleine hacía poco, después de acompañarla tras su visita al centro de detención. Madeleine le había asegurado que estaría bien, que no se preocupara, que solo quería dormir. Pero Céline no pudo marcharse sin preparar algo de cenar y asegurarse de que su suegra —o lo que alguna vez fue— al menos comiera algo caliente antes de quedarse sola.
Subió en silencio por el ascensor privado. Aún llevaba en el cuer