El sol descendía lento sobre Kalliste, tiñendo el mar de un naranja sucio que parecía burlarse de su desolación. Kilian no se movía. El golpe en la nariz había cesado de sangrar, pero el ardor persistía. Más que el dolor físico, era el eco de sus palabras lo que lo destrozaba por dentro.
Céline.
Más de un año había pasado desde que fingió morir. Todo ese tiempo se la paso huyendo, justificándose, convenciéndose de que su ausencia era una forma retorcida de protección. Pero ahora la había visto