El regreso fue en silencio. Matthias había hecho los arreglos sin consultarla demasiado. Sabía que los aeropuertos eran una trampa de flashes, y que Céline no soportaría miradas ajenas en ese estado. Por eso, un jet privado los devolvió a Belvaronne antes del amanecer.
Altura Valtieri dormía cuando llegaron. Ni porteros, ni personal de mantenimiento. Nadie. Solo el eco de sus pasos y el sonido hueco del ascensor al cerrarse.
Matthias no la dejó sola en ningún momento. La ayudó a subir. A abr