Apenas llegaron de la plaza al hotel, Alina y Sebastián recogieron sus cosas sin mirar atrás. Florencia se había vuelto inhabitable. Sebastián no hablaba. No respiraba con normalidad. Solo caminaba como un espectro, con la mirada vacía y la mandíbula apretada.
No había vuelos disponibles. Alina intentó reservar sin éxito. Entonces, con voz seca, él dijo:
—Volvamos a Lucca.
El conductor del taxi solo los miró por el retrovisor. Sebastián parecía en trance, con los dedos crispados sobre las r