Pasé un fin de semana tranquilo, pero pensativo.
Después de ver a Dante, hablé con mi padre.
Se escuchaba un poco nostálgico,
y eso me dejó preocupada.
Aunque a mí me estaba yendo bien,
parecía que a él le costaba más las cosas.
Y eso me dolió.
Cuando me levanté el lunes traté de ponerle toda la actitud.
Bajé esperando que Dante ya estuviera listo…
pero estaban discutiendo.
—Tienes que decirle ya, igual no importa, ya lo hicimos —dijo Dante.
—No creo, ¿para qué?
Ella está siguiendo con s