—Aurora, te presento a Dante. Él es uno de los copropietarios del viñedo De Santis.
Nos estrechamos las manos.
«¿Dante? Como el libro... mmm, ¿será un nombre común aquí?»
Lo poco que se vio de su mano, debajo de la camisa, parecía tener tatuajes. Me apretó fuerte.
Lo miré a los ojos y nos soltamos.
—Él es el que busca asistente —dijo mi tío.
En su cara se notó que le había metido la idea.
—Un gusto, Aurora.
«Si digo que mi nombre sonaba delicioso en esa boca, ¿sonaré muy atrevida?»
—Lo mismo