Dante habló un rato con Renzo y luego nos fuimos a su casa.
Tenía que estar en Nueva York a más tardar al anochecer del día siguiente.
Vivía en un edificio familiar de cinco pisos.
El primer piso era para visitas y reuniones.
El segundo, de Renzo.
El tercero, de Dante.
El cuarto, del padre.
Y el quinto, una terraza cerrada que usaban como refugio.
—Normalmente, todos vivimos aquí —me explicó—.
Papá tiene una casa grande, pero cuando mamá murió vino a quedarse acá.
Después de un tie