Llegué a la casa, me tomé algo para el dolor.
Mientras me alistaba para irme a dormir, Dante me llamó.
No le contesté; el agotamiento era demasiado para hablar.
Le mandé un mensaje diciendo que estaba bien, que hablaríamos mañana.
Me acosté a dormir.
Me desperté por el sonido de la puerta.
Asustada.
Alguien estaba casi tirando la puerta.
Me levanté rápido y abrí.
Era mi tío. Muy, muy molesto.
—¿Pasa algo?
—Eso pregunto yo. —Entró y tiró la puerta.—
«Menos mal, ya se me pasó el dolor de