CAPÍTULO 58: ALIADO INESPERADO
Erik
El sonido del viento silbando entre los árboles y el crujir de la madera al expandirse por el frío me despiertan. Abro los ojos lentamente y me encuentro con un techo de madera toscamente trabajado. Una cabaña. Me incorporo de golpe, alarmado, y un mareo me golpea con fuerza. Llevo una mano a mi costado, donde la herida del veneno debería estar, pero todo lo que siento es la piel regenerada, aunque un ardor residual me recuerda que aún no estoy del todo bien.