CAPÍTULO 159: TE NECESITO
Erik
Hazel y yo dormimos juntos toda la noche. No pasó nada más que un par de caricias suaves, íntimas, cargadas de un deseo que apenas contuvimos. No es que mi lobo no estuviera muriéndose de ganas de hacerla completamente mía—porque lo estaba, tanto como yo—, pero preferí dejarla descansar. Su cuerpo aún se recupera, y aunque su fortaleza es innegable, no quiero apresurarla.
Además, el temor sigue latente en mi pecho. Nuestro hijo crece en su vientre, y aunque la ame