CAPÍTULO 145: SIN RASTRO
Erik
Recorro los alrededores de la fábrica, con los sentidos extendidos al máximo, cada músculo de mi cuerpo se siente tenso por la frustración. Me atrevo a ir más allá, al centro de la ciudad, buscando cualquier rastro de lo que Harik vio, cualquier aroma que no pertenezca a los lobos conocidos.
Pero no hay nada.
Nada más que los olores habituales de la ciudad: humo de cigarro, sudor, gasolina… y la marcada presencia de los lobos de Hazel esparcida por las calles. No h