CAPÍTULO 138: YA NO ME DOMINAS
Erik
El rugido de la diosa retumba en mi mente como un trueno que amenaza con partirme en dos. Su orden es un látigo invisible que se enrosca alrededor de mis entrañas y me arrastra hacia Hazel, obligándome a obedecer. Cada fibra de mi cuerpo, cada gota de sangre que corre por mis venas, quiere resistirse, pero el peso de su poder es abrumador. Mi respiración se vuelve errática, mi mandíbula se tensa y mis garras se clavan en la tierra, tratando de aferrarme a alg