River Mason entró en la clínica privada con la seguridad de un rey reclamando su trono. A su lado, su amigo y médico personal, Sam, caminaba tratando de igualar su paso firme. River no había sonreído en meses, pero ese día había una intensidad diferente en su mirada gris. Era el día de los resultados.
—Cálmate un poco, River —dijo Sam en voz baja—. Estás caminando como si fueras a comprar el hospital.
—Técnicamente, podría hacerlo —respondió River sin mirarlo—. Solo quiero saber si el proceso f